© Shirley Roots · CC BY 2.0Equipo · Mochila
En el Camino, cada gramo de la mochila se nota al cabo de los días. La regla de oro es viajar ligero: la mochila no debería superar el 10 % de tu peso corporal. Cuida los pies, prepárate para la lluvia (sobre todo en Galicia) y lleva solo lo esencial. Esta es la lista de lo que de verdad importa.
El calzado es tu mejor seguro: botas o zapatillas de trail ya rodadas —nunca las estrenes en el Camino— con buena sujeción y suela. Acompáñalas de calcetines técnicos sin costuras y lleva un par de recambio.
Las ampollas son el enemigo número uno. Mete apósitos específicos, esparadrapo y crema antirrozaduras, y párate a curar cualquier molestia en cuanto aparezca, sin esperar al final de la etapa.
Viaja con el sistema de capas: camisetas técnicas de secado rápido, una capa de abrigo ligera y una chaqueta impermeable. Con dos o tres mudas basta: se lava a mano cada tarde en el albergue.
La lluvia es casi segura en el norte y en Galicia. Un buen chubasquero o un poncho que cubra también la mochila es imprescindible; los pantalones desmontables y un gorro ligero completan el equipo.
Una mochila de 30 a 40 litros bien ajustada a la espalda es suficiente. Un saco sábana o saco ligero es obligatorio en muchos albergues. Añade chanclas para la ducha y el descanso, una toalla de microfibra y un botiquín básico.
No olvides la credencial del peregrino, la documentación, una batería externa para el móvil, tapones para los oídos (los albergues son ruidosos) y una bolsa para separar la ropa sucia.
Antes de salir, extiende todo sobre la cama y quita la mitad: casi nada de lo que dudas lo acabarás usando. En el Camino hay farmacias, supermercados y tiendas para reponer lo que falte.
Si te agobia el peso, muchos servicios transportan la mochila de albergue a albergue por unos pocos euros la etapa, para que camines solo con una mochila pequeña de día.
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Preguntas frecuentes
Como norma, no más del 10 % de tu peso corporal (unos 6-8 kg para la mayoría, sin contar agua y comida). Cuanto menos peso, más disfrutarás y menos te lesionarás.
Cualquiera vale si están rodadas y sujetan bien. Muchos peregrinos prefieren zapatillas de trail por ligereza y frescura; las botas dan más sujeción y protección en montaña y con mochila pesada.
En los albergues suele bastar con un saco sábana fino, ya que muchos ofrecen mantas. Si viajas en temporada fría o duermes en albergues de peregrinos básicos, un saco ligero da más margen.